Poblano, Poblanísimo
Sabores de la nostalgia
Por Lucía Rodríguez Zeledón
“Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”.
Virginia Woolf
La memoria no sólo funciona a través de imágenes: todos los sentidos nos transportan a tiempos pasados. Podemos recordar olores y sabores con mayor precisión que cualquier imagen o experiencia; inmediatamente nos vienen a la mente personas, lugares y momentos, añoramos lo que fue y más que nada, añoramos lo que fuimos.
Bien dicen que recordar es volver a vivir, nosotros te decimos que recordar es volver a probar. Hay sabores que han sido parte de nuestras vidas y pese al tiempo, lo siguen siendo. En esta ocasión, nos dimos a la tarea de juntar aquellos sabores que seguramente te remontarán a distintas etapas de tu vida, a esos lugares “de toda la vida”. Si bien el paso del tiempo ha cambiado algunas fachadas, mesas o barras, la magia sigue ahí.
Cremitas de La California
Las cremitas son un abrazo al corazón que, de cuando en cuando, no le cae mal a nadie, y es que desde 1935 cualquier poblano (o turista) estaría dispuesto a cruzar la ciudad completa por una cremita: como hecha por los dioses, estos pequeños platos de colores distintos, producen tanta felicidad como los años que lleva La California en Puebla.
¿Quién no tiene una foto de los letreros neón o del caballito de monedas? Clásica,–y hasta obligada– visita por el Centro. Pero las cremitas no son lo único bueno aquí: las gelatinas, flanes, paletas heladas, bueno, que hasta las tortas y los tacos les quedan bien.
Papas del Ruso
Todo mundo sabía que te habías comido unas papas del Ruso porque los dedos color naranja te delataban a metros de distancia; pero valía y vale toda la pena: tanto el regaño de tu mamá como las lavadas de manos. La salsa parecía más bien ladrillo, y “¿De la que pica o de la que no?”, era pregunta obligada cuando pedías papas, lagrimitas, jícamas, churritos, cacahuates o una nieve de limón.
Hace más de 50 años que el Ruso vende papas en aquella camioneta que seguramente has buscado por toda la ciudad. Y claro que como son “de toda la vida”, lo encuentras en lugares que también han estado ahí ese mismo tiempo: el Parque España I y el II, el Instituto Oriente, la Ibero, La Noria (afuera de la pista de hielo) y el Colegio México.
Tacos árabes de Tacos Beyrut
Si no has probado estos tacos, habibi, entonces no has comido tacos árabes. Punto.
Del trompo a la tortilla, y del plato a tu barriga, los tacos árabes son un must de la comida poblana. Todo mundo sabe de unos mejores que los anteriores, pero nosotros creemos, sin duda alguna, que los verdaderamente buenos son los de Beyrut; y no, no estamos hablando de Líbano; y sí, se escribe con “y”. Es en la 5 Poniente en el Centro de Puebla donde la magia sucede: un trompo de carne adorna el lugar que siempre está lleno. Beyrut es una mezcla de la gastronomía oriental: no sólo nombre, sino los condimentos, el jocoque, el falafel, combinado con lo maravilloso de los tacos mexicanos, la deliciosa carne de cerdo y la salsa.
Helado de Mary Barragán
Aunque provenientes de Michoacán, la familia Barragán le ha dado al Carmen desde 1967 los mejores helados y nieves de Puebla; y una que otra larga espera. Antes se llamaban Nieves del Carmen, pero decidieron cambiarle el nombre en honor a una de las hijas de Doña Jose y Don Alfonso Barragán: Mary, que ahora, junto con su hermano, lleva el negocio de la familia y conservan las recetas originales. En agosto cumplen 50 años y no ha pasado un día en el que esta heladería no tenga una fila de clientes que atraviesa la calle hasta el Parque del Carmen.
Puedes pedir desde una nieve de limón, de vainilla, una paleta de uva; también están sus helados especiales, como de pay de limón, de Ferrero o un flotante con vino tinto. Pero si nos dejas recomendarte, no hay pierde con el helado de piñón, el de cajeta, el de mandarina y cuando están de temporada (porque los ingredientes son naturales) la nieve de mango, de pitaya o de zapote.
Molotes del Estacionamiento
En 1962 abrió la juguería Acapulco. Con un nombre tropical, no podían vender otra cosa que bebidas refrescantes; lo que comenzó siendo un negocio de licuados, esquimos, aguas y jugos, ahora es uno de los puestos de molotes, pelonas, tostadas y tacos de canasta y dorados más concurrido del Centro de la ciudad.
La comida callejera suele no permanecer en un mismo lugar, pero es que los años y los clientes han hecho que una visita a este Acapulco sea aún mejor que al original, menos distancia y sin duda mucho, mucho más sabor. Por las mañanas venden tacos de canasta y en las noches el menú crece y los antojitos se venden como pan caliente. Lo imperdible: un molote y un Boing.