Hijos del Hambre

El arte de encontrar lo que nos apasiona

Hijos del Hambre

Cuando miremos atrás en la historia, el periodo vivido entre 2020 y 2021 será visto, entre otras cosas, como un semillero de millones de ideas y como el momento en el que muchísima gente se replanteó qué hacer con su vida. Y no es para menos. La pandemia nos recordó lo frágil que era la vida.

Proyectos surgieron, vidas tomaron otros rumbos y una nueva historia comenzó a escribirse. Una de esas es la de Hijos del Hambre, un proyecto nacido de las ganas de encontrarle un mejor sabor a la vida, de descubrir que aunque la vida ya nos asignó un rol, se puede ser algo más.

Alejandra Valderrama y Andrés Vargas no eran chefs de profesión. Estos dos arquitectos estaban muy acostumbrados al día a día entre planos, presupuestos, obras que nunca se realizaban y clientes imposibles. Como cualquier persona en el umbral de los 30 ambos se preguntaron si esto sería todo lo que habría por el resto de sus días.

Durante la pandemia, mientras medio mundo aprendía a hacer masa madre o café dalgona, Andrés se obsesionó con algo aún más específico: el barbecue texano. Primero vinieron las hamburguesas; siguieron las costillas y después empezó a preparar briskets que tardaban 12 horas. Despertarse de madrugada para revisar temperaturas, ajustar carbones y volver a intentar lo que había salido mal la vez anterior –porque salió mal muchas veces–, aquel hobby pandémico comenzaba a convertirse en obsesión.

“Si tú no me apoyas, no lo voy a lograr”

“Yo veía a Andrés feliz en la obra, pero nunca lo he visto más feliz que con su ahumador, su termómetro y su carne”, comenta Alejandra Valderrama, pareja en todos los sentidos de Andrés y quien llegó a la conclusión lógica de que si ya estaban invirtiendo más de 12 horas en preparar briskets, tal vez habría formas de aprovechar aquello.

Así pues y gracias al consejo de un amigo, decidieron sacar del comedor de la casa estos talentos y probarlos con un público que no fueran su familia y amigos, así que probaron suerte vendiendo sándwiches en bazares. Con una producción hecha en horno casero, con planchas eléctricas y pan hecho a mano –porque mandar hacerlo era demasiado caro– Andrés y Alejandra se aventuraron con esta nueva idea. “El primer día vendimos más de la mitad y el domingo a las tres de la tarde ya no teníamos nada”, comenta Alejandra y agrega: “Nos emocionamos porque dijimos: ‘si en un día vendimos un chingo, creo que esto puede funcionar’”.

“Yo veía a Andrés feliz en la obra, pero nunca lo he visto más feliz que con su ahumador, su termómetro y su carne”
Alejandra Valderrama

Andrés ya tenía las manos bastante ocupadas con la carne, así que como en otras ocasiones, recurrió a Alejandra: “Él me dijo: ‘si tú no me apoyas, no lo voy a lograr’. Y ahí fue cuando empecé a hacer el pan.

Todo mientras seguían intentando sobrevivir como arquitectos.

“Salíamos del bazar y se nos acababa el pan, entonces nos íbamos directo a hacer más pan. Antes hacía una sola pieza de brisket en el asador de mi casa. En los bazares nos dimos cuenta de que así no íbamos a poder producir”, cuenta Alejandra.

Para este punto esto ya había dejado de ser un hobby y aunque Alejandra juraba que en su vida iba a poner un restaurante, ambos decidieron dar el salto: “Ya estábamos cansados, hartos y en realidad descubrimos que la arquitectura no era lo nuestro.”

“La gente nos preguntaba: ‘¿dónde están?’ y nosotros contestábamos: ‘pues sólo estamos el fin de semana en bazares’”. Fue entonces cuando decidieron buscar un lugar pequeño que funcionara como prueba. Encontraron un local en Cholula y lo tomaron pensando más en experimentar que en construir algo enorme desde el inicio. El espacio era extremadamente reducido. Apenas cabían dos planchas eléctricas y una pequeña barra; muchas cosas seguían haciéndolas en casa porque literalmente no entraban en el local. En junio de 2023 abrió el primer local de Hijos del Hambre.

HDP, HDH

“¿Y el nombre, es por la película ‘Hijos del Hombre’ de Cuarón?”, les preguntamos durante la entrevista, pensando en que aquello podría ser un juego de palabras. Curiosamente, ninguno había visto la película y el origen era otro.

El nombre y la marca ya estaban desde el principio. Si iban a presentar algo, por pequeño que fuese el escenario, lo harían bien. Ambos querían que el nombre de la marca se alejase de los clichés de los ahumados: nada de “Andy’s Grill” o “Smoke House”, sino un nombre con personalidad propia, que se sintiera más gráfico, exagerado y memorable. Arquitectos finalmente.

Al tener el pan tanta presencia desde el principio, una de las primeras ideas fue llamarlo “Hijos del Pan”, porque les gustaban las siglas HDP, pero rápidamente se dieron cuenta del doble sentido.

La imagen estaba clara: esas letras en grande, “monchosas”, diría Alejandra, algo directo. Y entonces las palabras empezaron a formarse entre esas siglas: “Hijos…Del…Hambre”.

Obras que sí se hacen

La arquitectura ya estaba atrás. Andrés y Alejandra ya se encontraban en su nuevo local y ambos comenzaron a toparse con los retos a los que cualquier restaurantero novato se enfrenta.

Éste podría haber sido el fin de esta marca, como lo ha sido con muchos otros proyectos surgidos durante la pandemia que no consiguen hacer que la pasión se sostenga con profesionalización.

Aunque su profesión original había quedado atrás, no así la mentalidad obsesiva de un buen arquitecto. Poco a poco descubrieron que sacar los costos de un restaurante no era tan distinto a los de una obra. Que perfeccionar un proceso en la cocina no distaba mucho de los procesos constructivos. Que revisar números hasta el cansancio sí era una tarea útil y que preguntarse constantemente cómo mejorar algo aunque ya esté funcionando no era un sinsentido.

Andrés se acercó a los procesos del ahumado como si fuera un problema matemático y Alejandra vio cómo optimizar los procesos de su restaurante desde la observación constante. Aprendiendo. Preguntando. Tomando notas mentales.

En este punto ninguno dudó en pedir ayuda a sus nuevos colegas: chefs, empresarios, restauranteros.

Entre horas muertas y aprendizaje Hijos del Hambre se viralizó y de repente tenían largas filas antes de abrir. Año y medio después, tuvieron que expandirse al espacio de al lado. Este crecimiento implicó nuevos hornos, colaboraciones y sobre todo la sensación extrañísima de que algo que empezó casi como un experimento ya se había convertido en una realidad.

El pasado 2 de mayo tuvieron una colaboración con el proyecto de Ciudad de México Chubbies Burger que, por supuesto, fue un éxito rotundo. Y antes de eso, fueron uno de los 10 restaurantes más vendedores en la última edición de Foodie Week, puesto que han ocupado en todas las ediciones en las que han participado.

¿A qué se debe este éxito? Evidentemente a lo exquisito de su brisket, su pulled pork, sus salchichas y su costillas. Pero más allá de eso, a que ese espíritu de dos personas que decidieron arriesgarse y apostar a que la vida podía ser algo mejor de lo que nos habían dicho, que se aventuraron a ser auténticamente felices, se transmite en cada plato que sirven.

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