Zibela. La casa de las primeras veces

Un brunch todo resuelve

Zibela. La casa de las primeras veces

Si nos ponemos estrictos, el brunch es el resultado de la mezcla de 2 palabras: lunch, mejor conocido como almuerzo en estos lares, y desayuno, ese primer bocado del día. Pero no es solo un desayuno tarde, el brunch es casi un evento social, algo que Stefanía Gandarilla —una de las mitades de Zibela— define bastante bien: “es cocina para compartir. […] Que yo pueda venir con mi amiga o con un grupo de amigos y probar un poco de todos los platillos que estén en la mesa. Tiene que ser vasto, tiene que ser una mesa muy colorida, muy llena de todo tipo de platillos.”

El brunch es un pretexto para reunirnos, y también es la razón de ser de Zibela, un restaurante que sabe que la comida es el mejor conductor para unir gente. Y es que esta Brunch House ubicada en la Avenida Casiopea nació justo así, de la amistad entre Stefi y Paulina, las 2 socias que le dieron vida a este proyecto. 

La casa de las primeras veces

“Para mí Zibela es la casa de las primeras veces: es el primer proyecto que abrimos, la primera sociedad que tengo, la primera vez que damos trabajo a algunas personas.” Esta Casa no le tiene miedo a lo nuevo, lo abraza. 

Zibela nació con una llamada. Un día Paulina le marcó a Stefi: “hagamos un restaurante”, está claro cuál fue la respuesta. “Yo lo defino como un golpe de suerte”. Primero, sin saber el giro del restaurante, llegaron al local. Amplio, al lado, o más bien pegado, de un gimnasio funcional. “Fue una aventura inesperada, Yo tenía planes totalmente diferentes para mi futuro en ese momento. Estaba aplicando para una maestría en otro lugar y de pronto me llegó la noticia de que estaba este lugar disponible y pues lo primero que pensé fue en hablarle a Stefi” menciona Pau. 

Paulina siempre ha sido fanática del brunch. Ambas foodies de hueso colorado. Después de pasar un rato viendo la calle que las iba a acoger, notaron que ahí los días en esa zona empezaban temprano. El giro de su nuevo restaurante estaba ahí, a la vista de todos: el brunch. Hablaron con un chef y lograron hacer una primera carta, muy básica, cargada con lo que uno esperaría encontrarse en las mañanas. 

Comenzaron a impregnar su esencia al lugar, hacer pruebas de menú y un día, de la nada, alguién se sentó en una mesa. “Nosotras no teníamos una carta como tal y le propusimos sacarle algunos platillos, pero empieza a pedir en grande. ‘quiero unos hot cakes, quiero tal, también esto‘, y pues así empezó, sin querer queriendo”. 

Pero Pau no estaba convencida del todo. A la carta le faltaba alma y así, junto a Stefi, comenzaron a explorar sus antojos, a escuchar a sus comensales y unos meses más tarde, dieron a luz una carta nueva, una que era todo el estilo de Zibela: platillos monchosos, que cuidaran al comensal no por su cantidad de carbohidratos o por contar las calorías, sino por la calidad de sus insumos y los procesos, porque aquí se procura que todo se cocine desde cero.  

Fue así como un simple omelette se transformó en su French-Mex, un Omelette relleno de chilaquiles verdes, rojos o bandera, acompañados con pollo, crema, queso cotija, aguacate y cebolla; o como unos Hotcakes se volvieron en su Pancakes Maíz & Miel, 2 pancakes de maíz azul con compota de guayaba hecha en casa, chocolate blanco y manzana.

En esta nueva carta se mezclaron tanto los gustos de los comensales como de las socias y fue así como llegaron a platillos como los Chilaquiles No Name, los favoritos de Paulina —fanática de este clásico mexicano—, unos totopos de maíz sobre una cama de frijoles, bañados en salsa verde tatemanda, crema, cebollas encurtidas, coronados con una costra de queso y un huevo estrellado. 

Y hablando de clásicos, también tienen su versión del Grilled Cheese, el Melt Cuatro Quesos y Romero, un monumento a los sándwiches hecho con pan de romero con amaranto, relleno de queso de cabra, cheddar, quesillo, costra de parmesano, espinacas baby y cebolla caramelizada, con un plato de sopa de jitomate rostizado para chopear. Otro imperdible es su Bagel Toscano, un bagel de jitomate deshidratado relleno de costra de parmesano, pesto hecho en casa y chutney de tomate, coronado con un huevo estrellado tierno. 

Pero la cosa no se queda ahí. Si bien Zibela es de los que madruga (de lunes a viernes abren a las 07:30 y de sábado a domingo a las 08:00 h), después de las 13:00 h también se come sabroso. Delicias como ¿Pasta? Siempre, un tagliatelle artesanal en salsa cremosa de quesos con mini albóndigas de res, y La Burguer, una hamburguesa con blend de res fresca, cheddar fundido , tocino ahumado y cebolla caramelizada, pueden desfilar sobre tu mesa.   

No es solo un café

Un proyecto hecho con tanto cariño, con tanta dedicación, no se podía quedar corto en su carta de bebidas. Esa creatividad que invirtieron en la cocina tenía que traducirse a la barra. Hay americanos, capuchinos, espressos y macchiatos, pero el café no es suficiente, hay que salir de la caja. 

Las tazas aquí se pueden llenar de docenas de cosas. Está, por ejemplo, el Ube Latte con un shot de espresso y cold foam de vainilla; o el Collagen Coco, una bebida con un scoop de colágeno, agua de coco, leche, espresso y cold foam de vainilla; o el Blue & Matcha, con leche, espirulina azul, espresso y cold foam de matcha ceremonial. 

Que si la cafeína y tu no son buenos amigxs, también hay opciones como la Zibela Soda, una soda italiana hecha en casa con fresas, menta, jugo de limón natural, cabela y agua mineral; el Taro Frappé preparado con yogurt griego y el Chai Frappé preparado con yogurt griego y especiado con canela y cardamomo. 

Algo interesante de sus bebidas y en general de su carta es que usan algunas marcas locales, mismas que puedes conseguir ahí mismo. Como buenas defensoras del origen del brunch, Zibela busca crear comunidad de distintas maneras, una de ellas es a través de una concept store dedicada a marcas locales que se alinean con el proyecto como Flor de Jaguar, una marca de suplementos y tés, Deluz 33, dueños de una kombucha deliciosas o Melura, una marca de ropa deportiva para mujeres. 

Formas de crear comunidad sobra. Desde aquella tienda hasta abrirle la puerta a eventos de wellness y deporte. Desde compartir unos chilaquiles hasta tomarse un café en su terraza. Zibela es justo como el brunch, un pretexto para encontrarnos.  

Te puede interesar