30 años del Museo Amparo

Lo que hay que ver y lo que hay que hablar

30 años del Museo Amparo

“A mí no me gusta hablar de las piezas imperdibles ni de mis exposiciones favoritas, esa es la maravilla del museo, que te da oportunidad como visitante de ver con qué conectas. Lo que te llame la atención a ti es diferente de lo que me va a llamar la atención a mí o a otra persona […]. Para mí esa idea de recorrer todo, de ver las cédulas media hora…el interés empieza a decaer, hay que entrar con curiosidad, ver qué te gusta, acercarte. Soy más de la idea de vagar. Es como ir a ver sólo la Mona Lisa, cuando hay otras miles de cosas. Perderte en los espacios tiene su encanto y no ver lo que ya vio todo el mundo. Puedes hacer un recorrido diferente al que hacen los guías”.

Puede que cueste creer que esa es la opinión de Ramiro Martínez Estrada, Director Ejecutivo del Museo Amparo, pero si hay algo que él considera, es que no debe de haber un mapa, una misma forma de vivir no sólo el museo que dirige, sino cualquier otro. Y si algo le enseñó y nos enseñó 2020, es que en realidad no existe un mapa para nada.

El 29 de marzo de 2020 se inauguraba una exposición en la que el Museo Amparo había trabajado meses. Tenían todo listo para abrir El Círculo que Faltaba, la muestra que repasaba la relación que Latinoamérica y el Caribe tienen con la muerte. Pero entonces, el 17 de marzo de aquel año, al igual que todos los espacios culturales, el Amparo tuvo que cerrar sus puertas de forma indefinida.

Fachada del Museo Amparo

Otra vez es marzo pero el mundo es un lugar completamente distinto. Nosotros tenemos mucho de ese antes y otro tanto de este después. Y el Museo Amparo también.

Muchos de aquellos planes que tuvieron que pausarse se ponen otra vez en marcha. Pero también, el Amparo no será el mismo que conocimos. Y eso está bien. 

“Las prioridades son diferentes: la mía, la que puede tener alguien en la secundaria, en la preparatoria, en la universidad…hay que entender eso, hay que trabajar con eso. Pero también hablar de lo que nosotros consideramos importante de la visita es una discusión que no termina cuando acabe la pandemia, sigue vigente. Hay cosas que hemos aprendido de las posibilidades de la parte virtual”, nos contó Martínez Estrada en entrevista la víspera de los 30 años del museo.

El Amparo en tu Casa es el programa de actividades con el que el Museo logró llevar al plano virtual su experiencia.

Los meses que permanecieron a puertas cerradas le permitieron al Amparo mirar hacia adentro y hacia afuera. Lo primero para reevaluar su papel ¿Qué era un museo sin visitantes? Ahí fue cuando su lema, “Un encuentro con nuestras raíces”, cobró un nuevo significado. “Yo sí creo en él y considero que es lo que guía nuestro trabajo. Lo he dicho antes: las raíces tienen profundidad y hay raíces más viejas, raíces de hace tres días, pero a final de cuentas raíces. Pudimos responder a través de un programa en línea a una semana del cierre […], entonces seguimos trabajando con la colección prehispánica, con la colección colonial del Siglo XIX a través de estudios que se han hecho y siguen, repetimos algunas conferencias, abrimos un par de diplomados que anteriormente fueron por inscripción y ahora se abrieron al público. Y seguimos trabajando obviamente”. Ramírez Estrada habla de El Amparo en Tu Casa, un amplio mapa de actividades virtuales que el Museo Amparo desplegó apenas cerraron sus puertas.

Aquello fue revivir muchos de los grandes momentos que había brindado este espacio y fue acercarse al Amparo como mucha gente antes no había tenido oportunidad. Se formaron nuevos vínculos, no sólo entre el museo y sus visitantes, sino también con artistas, curadores, investigadores y toda persona que fuera parte de la comunidad del museo.

Y qué comunidad. Los meses de puerta cerrada nos hicieron ver que las 3 décadas de trabajo del museo habían generado una comunidad mucho más grande de lo que muchos imaginábamos, e incluso, hizo que ésta creciera.

Algunos de los programas disponibles en El Amparo en Tu Casa.

Fue en esta parte en la que tuvieron que mirar hacia afuera. Darle una nueva vida virtual al Museo Amparo implicó acercarlo a públicos que tal vez nunca habían ido físicamente a él, aproximarse a nuevas generaciones a través de medios más cercanos a ellas o alcanzar a públicos que por mera ubicación geográfica no hubieran podido llegar al Amparo.

Mientras sus puertas seguían cerradas, aprovecharon también para darle continuidad a un proyecto que llevaba 3 años de trabajo y una vida entera en desarrollo: la Colección de Arte Contemporáneo del Museo Amparo. Desde antes que abrieran un 28 de febrero de 1991, la institución se ha dedicado a adquirir obra de artistas nacionales. Este tiempo ha resultado en una colección única, probablemente la mejor en Puebla y sin duda, una de las mejores de arte mexicano contemporáneo a nivel nacional.

Algunas de las piezas de esta colección se integrarán por fin a salas fijas para que, ahora sí, dialoguen las 3 colecciones del Museo Amparo: arte prehispánico, arte virreinal y arte contemporáneo.

30 años de conversación

Vista de sala de la muestra El tiempo en las cosas.

“La palabra celebración tiene una connotación festiva y no son tiempos de fiesta. Tenemos sentimientos encontrados por la satisfacción de ver dónde estamos y a dónde queremos ir”. Es claro que Ramiro comprende la importancia de llegar a tres décadas siendo uno de los espacios culturales más importantes de Puebla, pero lo cierto es que su mirada está más puesta en hacer, en trabajar, que en recordar.

Pero en ese trabajo sin duda existe una revisión de esos 30 años, y para muestra El tiempo en las cosas, las nuevas salas de Arte Contemporáneo. Las piezas que conforman esta selección dialogan con el acervo prehispánico, virreinal y decimonónico del Museo. Como dice Ramiro, hay todo tipo de raíces, y el Museo Amparo apuesta porque veamos todas aquellas de las que venimos. Y el diálogo, el encuentro, a veces puede ser incómodo. Muy incómodo.

“Hay obras fuertes, desafortunadamente es lo que ves en las noticias y periódicos, la violencia…no es lo bonito”, y agrega: “Yo lo que quiero pensar es que generamos preguntas y tratamos de dar herramientas para que tú llegues a una respuesta, creo que ya hay suficientes contenidos que no te plantean nada y te dan las cosas ya empaquetadas, quiero pensar que nosotros funcionamos al revés, que puede haber 5 posibilidades y ver cuál te sirve más a ti”.

Ma Tohan Nihno mitujillo miyo tegorojo (Mi nombre es coyote...y tú ¿Cómo te llamas?). Pieza de Fernando Palma que forma parte de la colección de Arte Contemporáneo del Museo Amparo

De nuevo: no hay un mapa

Existe una diferencia importante entre mantenerse y estar vigente, y el Museo Amparo ha sido muy acertado en ambos casos. Respecto a la primera, Martínez Estrada considera que el no depender del gobierno y los vaivenes que vienen con los cambios de administración, así como la estabilidad financiera que el estar vinculados con una institución privada permite, han sido factores para mantenerse hasta la fecha.

Sobre lo segundo, considera que un factor esencial ha sido su visión: “la misma desde que abrió el Museo. Se habla de la importancia de la educación y de conocer el pasado como un elemento para tus decisiones actuales. Necesitamos conocer eso para ver por qué estamos donde estamos y saber a dónde nos podemos mover, me alegra seguir en esa línea. Que es la razón por la que se crea el Museo”. Y pese a que los edificios y las formas de consumir arte y cultura han cambiado, “el punto central sigue estando ahí”.

Otro factor que cabría agregar a la vigencia del Amparo son precisamente las conversaciones que lleva 30 años estableciendo, y que al igual que sus salas permanentes, han sido un diálogo entre distintas épocas y el presente.

Por eso, entre sus próximos proyectos, se encuentran artistas y temas, que no sólo son actuales, sino que inician conversaciones necesarias: “Una exposición de Santiago Arau que trabaja con paisaje, es algo que creo que se necesita: ver dónde estamos, los enfoques urbanos, rurales y de medio ambiente. Estamos trabajando en el aniversario de los 500 años de la llegada de los españoles con una conferencia. Ambos han sido temas que han generado controversia. Tenemos otro proyecto que tiene que ver con representaciones raciales en el cine mexicano, que es alucinante, tiene que ver con la exposición Africamericanos que hicimos, pero volviendo al tema de por qué pensamos lo que pensamos”.

Parte de la muestra Trayectorias, dedicada a Manuel Felguérez.

A lo anterior se sumará la publicación de un libro sobre la colección de Arte Prehispánico del Museo. “En [la conmemoración de] los 30 años regresar al origen que es esa colección”.

Y por supuesto, está también Trayectorias, una exposición que aborda tres momentos clave en la carrera del artista Manuel Felguérez: los murales de desecho, La máquina estética y su obra más reciente. Si bien ya había sido expuesta en el MUAC, el cambio de espacio otorga una experiencia completamente diferente: “lo que para mí es muy interesante es que en el MUAC eran salas grandes con obras muy grandes y acá se invierte en cuestiones de espacio, hay obras que no podemos colgar, entonces todo se vuelve más íntimo, el espacio te cambia, hay cosas aquí que en el MUAC no vi, es una exposición que tiene excelente tamaño, puedes detenerte a ver las cosas y con una idea clara del trabajo de Felguérez”.

El Museo Amparo está de vuelta. Nunca se fue, simplemente cambió y ahora vuelve si acaso con un aire más familiar, pero también renovado. Lo cierto es que virtual, físico o híbrido, ayer u hoy, el Amparo siempre se ha enfocado en: “lo que hay que ver y lo que hay que hablar”, como dice Ramiro. Y por eso las raíces que ha echado a 30 años de distancias, son cada vez más profundas.


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