Leonora Carrington: La magia y el mito

100 años de su nacimiento

Leonora Carrington: La magia y el mito

Por Lucía Rodríguez Zeledón.

 

Tan hermoso como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección”, tal como lo describe el Conde Lautréamont, así es la obra de Leonora Carrington, y es que el surrealismo es irracionalmente hermoso; comparte el ethos del romanticismo y parece ser una fuerza revolucionaria dentro de la vida misma, a la vez que es un movimiento estético y político, pero también literario y visual.

El adjetivo surrealista, se escucha por primera vez en 1917 cuando Jean Guillaume Apollinaire describe el ballet de Jean Cocteau como tal, y lo define como: “Los frutos de la imaginación humana libre de la tarea de imitar la naturaleza”.

En 1920, influenciados por el movimiento Dadaísta, André Breton y Philippe Soupault fundan el surrealismo, y fue hasta 1924 que Breton escribe el manifiesto surrealista, donde lo describe como “un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”.

Nacida en Londres en 1917, Leonora se formó como artista desde muy joven y fue en 1937 que conoce a Max Ernst, y con él, se introduce al movimiento surrealista. Su tránsito por el mundo también implicó la migración de un país a otro: Londres, Francia, España, y por último, México. En 1943 Leonora llega a nuestro país, y decide quedarse para volverse mexicana, de corazón y pasaporte. La han descrito como la última surrealista, como un poema (Octavio Paz), como “excéntrica del surrealismo” (Raquel Tibol); la han llamado “La novia del viento” (Max Ernst); es la “mujer que ha hechizado a México con sus colores, sus palabras, sus delirios, sus arranques, sus historias” (Elena Poniatowska).

Leonora Carrington, artista multidisciplinaria, nos muestra una obra de carácter autobiográfico: surrealista, mezclando los sueños con el imaginario colectivo mexicano y el folclor e idiosincrasia, así como una gran influencia celta que se  representa en figuras e historias fantásticas, en cruces de mitologías y culturas. A 100 años de su llegada a este mundo, el Museo de la UPAEP recopila una serie de obras de la artista.

Las piezas que se muestran en esta exposición fueron realizadas entre el año 2009 y 2011, nos hablan de una Leonora en su última etapa, tanto de artista como ser humano: una técnica perfeccionada y una mujer más madura. Las obras de Leonora se caracterizan por introducirnos al sueño, a otro estado de consciencia en un universo esotérico, siempre hay un mensaje, sólo hay que saber leerlo.

Como la describe Poniatowska, “Leonora cree en las apariciones, no en las de la Virgen de Lourdes sino en las de seres que surgen de pronto en la primera esquina y te dan la mano o te asaltan”,  y lo podemos ver en cada una de las piezas. Llamarla la última surrealista sería asegurar que con ella se fue lo último del movimiento, más nos deja infinidad de obras que apreciar, que leer y releer, que muchas veces se acercan a la realidad que vivimos en este país donde el día a día parece tener menos sentido que la pipa de Magritte.

La verdad es que no es la mejor curaduría, deja mucho que desear,  sin embargo vale toda la pena ver las piezas. Lo relevante aquí es el tamaño de la artista, de lo que representa para el surrealismo, y para México.

Puedes ver esta exposición en el Museo UPAEP hasta el 17 de noviembre, la entrada es gratuita.

Te puede interesar