Kery: crecer sin dejar de ser

El arte de quedarse

Kery: crecer sin dejar de ser

A veces una flor no crece donde fue plantada, sino donde encuentra espacio. Kery Café, es ese tipo de flor. A la que ni una pandemia, ni una ubicación difícil y una idea que originalmente iba en otra dirección, detuvo.

Cuando entrevistamos a Paola Arrieta durante el verano de 2025, había una palabra que aparecía una y otra vez al hablar de Kery: quedarse. Quedarse a tomar café, a comer, a colorear, a conversar. En aquel momento escribimos que la comunidad había agregado, casi sin saberlo, un tercer ingrediente a aquella unión inicial entre café y flores: el deseo de habitar el espacio con calma.

Un año después, esa idea sigue explicando mucho de Kery, pero el proyecto se encuentra en un momento distinto. Hace unas semanas este espacio cumplió cinco años. Durante ese tiempo su cocina y su barra se han profesionalizado, el equipo ha crecido y en el horizonte se asoma una segunda sucursal, específicamente en Lomas de Angelópolis. Lo interesante es que, mientras más grande se vuelve, más claro parece tener qué cosas no quiere perder.

La historia comenzó incluso antes del café. Para hacer un poco de memoria, Kery nació de la unión de Kevin y Erika —el primer nombre de Paola— y también de las primeras sílabas de ambos nombres: *Ke* y *ry*. Él tenía una relación particular con el café; ella, con las flores. Primero existió Kery Flowers, una florería en línea que durante la pandemia encontró un crecimiento importante. Cuando llegó el momento de invertir y pensar en un espacio físico, la respuesta aparentemente lógica era abrir una florería.

Pero Paola disfrutaba demasiado la dinámica del negocio en línea: pedidos personalizados, poca merma y no tener que mantener permanentemente un inventario de flores. Así apareció otra posibilidad. En lugar de abrir una florería, abrirían una cafetería.

Las flores, sin embargo, nunca se fueron. Siguen apareciendo en las orquídeas, en los arreglos y en pequeños gestos que recuerdan que antes de los chilaquiles, el matcha o el café de especialidad estuvieron las noches trabajando para sacar adelante aquella florería. “Las flores son nuestra raíz, nuestra esencia”, dice ahora Paola.

Algo parecido ocurrió con la comunidad. En 2022 unos clientes comenzaron a llevar dibujos para colorear y aquello terminó convirtiéndose en parte de Kery: pusieron colores y dibujos a disposición de todos y, casi accidentalmente, crearon uno de sus rituales más reconocibles. Hoy Paola puede ver clientes pasar dos o tres horas coloreando alrededor de una mesa.

Nada de eso fue una estrategia perfectamente diseñada desde el inicio. La comunidad tardó años en construirse y, paradójicamente, una de las primeras dificultades del negocio ayudó a definirla.

La ubicación de Kery nunca fue sencilla. Desde sus primeros años, llegar podía resultar complicado para alguien que no conociera la zona. Si el lugar no podía depender del tránsito espontáneo, necesitaba convertirse en un destino. La atención fue fundamental. Al principio eran cuatro personas y Paola pasaba buena parte del tiempo en la entrada, recibiendo directamente a los clientes. El objetivo era construir un lugar donde nadie sintiera que tenía que terminar rápido e irse.

Cinco años después, esa idea permanece prácticamente intacta. Lo que sí cambió radicalmente fue todo lo que sucede detrás.

Florecer está en los detalles

Cuando abrió Kery, Paola tenía apenas 22 años y su rumbo parecía ser otro. El primer menú nació más de los gustos personales y familiares de sus fundadores que de una estrategia gastronómica: ella veracruzana, él oaxaqueño, ambos crecieron alrededor de cocinas con una profunda identidad que la pareja quiso traer al público poblano.

De un primer éxito —que fueron unos chilaquiles de cacahuate— su carta ha evolucionado a diversas versiones de este platillo, pero también a waffles, pancakes, emparedados, enchiladas, repostería y de una barra que comenzaba a profundizar seriamente en la trazabilidad y extracción del café. Escuchar sin perder la identidad se convirtió desde entonces en una especie de principio.

En uno de los mayores puntos de inflexión de este proyecto, Paola se dio cuenta de que el truco no sólo era crecer, sino especializarse profundamente en todo aquello que les apasionaba, desde los alimentos, hasta lo que ella considera el corazón del Kery: el personal.

A partir del tercer año comenzaron a llegar equipos de cocina más grandes, una nueva estructura y, por primera vez, un chef. Los perfiles gastronómicos comenzaron a integrarse con experiencia y formación aún más profesional. Paola se capacitó en café y la barra también cambió. Después vinieron competencias dentro y fuera de Puebla y el reconocimiento como Mejor Cafetería por la revista Lo Mejor del Café.

Pero profesionalizar un proyecto que nació de gustos personales implicaba un reto: dejar de reconocerse en él. Paola aprendió a resolverlo de una manera particular: su equipo tiene libertad para crear y proponer, pero ella y Kevin serán siempre los guardianes de la identidad de este proyecto, que no por nada su nombre proviene de las iniciales de sus creadores. “Nada sale a la carta si no lo aprobamos nosotros”, explica y agrega que todo parte de un mismo principio “¿esto se siente como Kery?”.

La transformación más grande: café, pan y matcha

Si en 2023 Paola creía que habían dado un gran salto al ampliar el café, en 2026 se enfrentan a la transformación más grande: una segunda sucursal en Lomas de Angelópolis. Pero, contra lo que podría esperarse, no será otro Kery idéntico.

Café, pan y matcha. El nuevo espacio estará dedicado únicamente a esos tres pilares. No habrá desayunos ni se intentará reproducir la dinámica del primer local. Ahí se trasladará la producción de panadería y repostería, habrá venta de café en grano y una barra experimental donde la preparación sucederá frente al cliente. La intención es profundizar en productos que el espacio original ya no permite desarrollar tanto como quisieran. “Un pequeño laboratorio”, concluimos en nuestra conversación con Paola.

En esta nueva sucursal, el equipo de Kery podrá experimentar con laminados, repostería, café y matcha, buscar conexiones entre bebidas y panes, ofrecer talleres y, sobre todo, hacer visible un proceso que en el primer Kery ocurre detrás de una barra. La cercanía que en una sucursal sucede alrededor de las mesas y las actividades, en la otra ocurrirá alrededor del producto.

Eso supone un riesgo: quien conozca el Kery original podría llegar esperando encontrar lo mismo. Paola lo sabe y precisamente por ello asegura que cada espacio tendrá personalidad propia. La nueva sucursal no pretende sustituir ni reproducir la primera; permitirá que ambas se especialicen. Mientras Lomas profundiza en café, pan y matcha, el Kery original podrá seguir creciendo en cocina salada, desayunos, actividades y experiencias alrededor de la mesa.

Agradecer siempre

Un quinto aniversario podría representar el momento perfecto para una gran celebración, pero en lugar de una gran fiesta, en Kery Café optaron por agradecer.

Así, prepararon diversos regalos para quienes habían acompañado el proyecto todo este tiempo: gorras, piezas realizadas con una ilustradora local y tres premios que difícilmente podrían confundirse con los de otra cafetería: un año de café, un año de matcha y un año de chilaquiles gratis. Irresistible.

Quizá ahí esté la respuesta a una pregunta que Paola todavía dice no poder contestar del todo: ¿qué hace que la gente conecte tanto con Kery?

Desde afuera resulta un poco más fácil verlo. En 2025 escribíamos que Kery no era simplemente la suma de café y flores, sino un espacio al que su propia comunidad había enseñado a quedarse. Un año después, incluso mientras se prepara para crecer hacia otra parte de la ciudad, esa idea continúa en el centro.

Porque detrás de los chilaquiles, el matcha, las flores y el café de especialidad existe una intención bastante más sencilla: “que alguien pueda interrumpir por un momento un día caótico, sentarse alrededor de una mesa y quedarse todo el tiempo que quiera”, concluye Paola con gran énfasis en la parte del tiempo que la gente quiera.

Dicen que el tiempo es oro. Pero en Kery, con esto y muchas otras cosas, son más que generosos.

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