El arte del buen Co.merr
Si algo tienen en común el arte y la comida son las múltiples dimensiones con las que cuentan. Más allá de un objeto o de algo comestible, un ingrediente puede ser político, un color puede contar una historia y la forma en la que ingerimos alimentos, una revolución. Co.merr es un proyecto que no solo entiende esto perfectamente, sino que junta lo mejor de ambos mundos para crear obras que dan mucho de qué hablar y claro, de comer. Para celebrar este día del arte, decidimos hablar con Dea López, creadora de este proyecto, y una fascinante mezcla de foodie y artista.
Antojitos mexicanos como logos de marcas de lujo, frases hechas de pan y paletas heladas que simulan varias de las esculturas más famosas del mundo son solo algunos de los proyectos artísticos que han salido de esta residencia de arte que comenzó con una cuenta de Instagram a modo de archivo.
“Hice mi tesis sobre arte y comida y me di cuenta de que tenía un montón de referencias. Un día en pandemia, abrí el Instagram y empecé a subir el contenido, pero realmente no pensé que llevaría a nada. Yo soy curadora, entonces de ahí empecé a generar exposiciones a ver qué tal salían y más tarde me vinculé con un Airbnb aquí en Oaxaca que nos hace el paro de hospedar a nuestros artistas como forma de residencia.”
Co.merr es en pocas palabras un proyecto curatorial sobre el acto de comer, porque como dice Dea, esto va más allá de la gastronomía, es sobre crear actos colaborativos y sacar al arte y a la comida de esos espacios tan definidos que les asignamos. Esto hace que el proyecto esté en constante movimiento, involucrando artistas, panaderos, cocineros, curadores y chocolateros según lo que la obra requiera.
¿Por qué juntar comida y arte? Para Dea de cierta manera sirve como contraposición a la idea de que el arte solo debe de estar en ciertos circuitos y por lo mismo intimida y aleja a las personas. “Yo creo que una de las características principales de la comida es que llama. La comida permite mesas muy largas, hace que personas que no se conocen platiquen, crea relaciones de intercambio entre quien cocina y quien come. También la comida es algo súper democrático. Sí, está todo este trip del fine dining, pero tu mamá cocina, mi mamá cocina, nuestros papás, el abuelo, una amigo, una amiga; en realidad es algo que es muy accesible en ese aspecto.”
La comida mueve a las personas de formas sorprendentes, ya sea por el placer de disfrutar un buen platillo o de sacar a nuestro foodie interior. Compartir fotos de comida, recomendar lugares a extraños y conocidos; la comida tiene ese no sé qué que nos une y nos llama de maneras que van mucho más allá de mera supervivencia.
El plato es un lienzo
Por muy tonto que suene, la comida está hecha para comerse. Es un acto efímero. Por otro lado el arte, según nos han enseñado a muchxs, está ahí sólo para ser admirado ¿Pero qué pasa si el arte después de unos minutos desaparece? La fascinación de Dea por hacer que el arte responda a esta pregunta viene en parte por una frustración: en Oaxaca, de donde es originaria, el arte tiene que ver mucho con el objeto. Producir esculturas, cuadros o algo que se conserve.
“Me pongo a pensar en dónde reside realmente el valor de las piezas. Si los objetos desaparecen ¿qué queda? También pienso en esta pieza de Francis Alÿs en la que va empujando un cubo de hielo por toda la Ciudad de México hasta que desaparece. Se llama La Paradoja de la Praxis, o sea que a veces hacer algo no te lleva a nada y me encanta y obsesiona esa idea. Pensar que si el cuerpo es el que aprende y se queda con la experiencia ¿para qué conservar objetos? Creo en el registro como una prueba objetual de lo que pasó, como los palitos de paleta que dejamos de Gabo o los certificados de autenticidad de César manchados de grasa. Eso es pensar las prácticas del arte más allá incluso de las habilidades, que es en donde entra mucho el arte contemporáneo, porque no depende de su técnica o cosa como objeto, sino de las cosas que detona en las personas que pueden convivir con esto”. Dea nos invita a repensar cómo nos relacionamos con el arte a través del juego que realiza en Co.merr
La cocina imita al arte
La curadora piensa en aquellas personas que sólo van a las exposiciones por el vino o los canapés, pero que en estos casos, la mesa de canapés es la exposición, lo cual abre un espacio para reflexionar en torno a nuestra relación con ella y nuestro cuerpo.
“Lo que me interesa es justo el acto de comer, el llevarte algo a la boca, desaparecer algo con la lengua o el tomar y el destruir. También traigo esto de la teoría de los afectos, que es el cómo conocemos al mundo a través del cuerpo y cómo es una manera de generar conocimiento sumamente válida. Entonces, no te estás enfrentando a un objeto que no entiendes y no puedes ver o tocar, sino que se vuelve algo a lo que la gente va y activa la obra, sin ella no existe. Si no se comen las cosas no tiene sentido y entonces el espectador ya no sólo es espectador, sino que se vuelve un sujeto activo dentro de las exposiciones.”
Reinventar el museo, un bocado a la vez.