Wipis no quiere ser un restaurante de comida tradicional, este en cambio se define como uno de comida casual mexicano, platos que enaltecen el día a día de cualquier mesa de México, de esos que a unx le sacaban una sonrisa. “Un comfort food mexicano” define Franco.
“Wipis surge de una manera muy chistosa porque primero, antes de ser Wipis, iba a ser un puesto de esquites. Después iba a ser un local de snacks y cuando encontramos el espacio, comenzamos a transformarlo, a decorarlo y cuando me di cuenta ya tenía un restaurante. Entonces justo una semana antes de abrir me cae la pregunta: ¿Y qué voy a servir?”
Con el estrés y el tiempo encima la respuesta llegó una noche a la cabeza de Franco: “estaba buscando algo chocolatoso, algo crunchy y dije: ah, ya sé qué quiero, comfort food, esa comida que todos buscamos cuando tenemos mal de amores, cuando estamos contentos, cuando reprobamos un examen; esa cocina que te reconforta.” Indagando un poco más, surgió un recuerdo de la infancia. Cuando visitaba a su familia y lo recibía su bisabuelo Wilfrido con un taco de queso fresco con salsa amortajada. “Ese recuerdo de tener la tortilla en la mano y morderla, para mi significaba que ya era fin de semana, voy a descansar, a disfrutar. Ahí supe cual sería el nombre, […] le voy a poner el apodo que tenía mi abuelo, Wipis.”
Franco insiste en que la hora de la comida es casi sagrada. Comer por comer no es lo óptimo. Lo importante aquí es disfrutar; que cada bocado te genere una sensación de bienestar. Para lograrlo Franco y Omar diseñaron un salón con colores neutros, gobernado por el gris y la madera ya que —como les enseñó el abuelo Wipis— a la hora de comer lo más importante es la comida y la convivencia, nada más.
Y vaya que la comida es protagonista, tanto que hasta los platillos tienen historia y nombre propio. Un vistazo a su carta es suficiente para que sepas de lo que hablamos. En su carta de desayunos y comidas te encontrarás con manjares como Las Don Filo, otro de los apodos de su abuelo, un Mac and Cheese empanizado con aderezo de ajo, cátsup y tocino. Los Sin miedo al éxito, unos chilaquiles con salsa de chile quemado y suadero sabrosito que nacieron gracias al taquero de confianza de Franco, quien siempre lo animaba a echarse un taco más diciéndole: sin miedo al éxito joven.