Nos vemos pronto, Leonard Cohen

Adiós a la leyenda, un texto para recordarlo.

“Todo el mundo sabe que la guerra acabó. Todo el mundo sabe que los buenos perdieron” Eso dice Everybody Knows, una de las más fabulosas piezas del I’m Your Man el increíble álbum de 1988 en el que Cohen retrataba y advertía con una belleza poética y sonidos de la época lo que se vivía entonces y lo que se iba a seguir viviendo. Triste y pesimista tal vez, pero al mismo tiempo tranquilizador.

La esperanza murió en varias ocasiones, pero definitivamente murió un poco más y de peor manera el 11 de noviembre del 2016, cuando supimos que Leonard Cohen había dejado este mundo. El mismo Cohen, que hace unas semanas había lanzado You Want It Darker, -un álbum, en efecto bastante oscuro-, y donde pronosticaba su muerte de una forma confusa, tal como sus letras, poética y llena de tristeza pero con un pie en El Futuro. Él también vio el futuro y nos dijo que nos arrepintiéramos, nos mostró entre imágenes vividas y analogías por demás inquietantes la decadencia humana, coqueteando con el poder, con las manías, con las filias, él vio el futuro y era asesinato.

 

También nos regaló palabras de amor consistente, puro y potente. Un amor intenso, como debe de ser, pero siempre, siempre siendo un caballero. Basta sólo con escuchar “I’m Your Man”, y encontrar en ella la descripción precisa de estar enamorado, de aullar a la belleza de una mujer como un perro en celo, de querer subirte a un ring por ella, de ser su compañero y tomar su mano, o de soportar su ira.

 

Cohen también logró brincar de la nada al Olimpo y lo hizo sobre terciopelo. Logró también ser un tipo agradable y con buen sentido del humor, no importando si hablaba de política o de rupturas, logró más de lo que muchos de nosotros lograríamos en tres vidas, y lo logró siempre elegante y fino. La figura de este hombre elegante, siempre en orden, de disciplina budista y traje sastre siempre estará presente, eso queda claro, pero es nuestra obligación como seres humanos y personas sensibles mantener su legado, que el “late bloomer”, el gran poeta, el gran amante, La voz, siga presente. Eso es ser inmortal.

Y a pesar de que no podemos evitar la tristeza, también hay que estar felices de haber compartido un punto de la historia donde por unos años vivimos al mismo tiempo que Leonard Cohen, que tuvimos la fortuna de escuchar su música, leer sus poemas, verlo compartir escenario con otros fabulosos artistas, verlo influenciar otros tantos y por supuesto llenarnos los oídos con su voz. Es hora del cierre.

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