15 años de La Berenjena: la pizza nunca volvió a ser la misma
Hay quien cumple 15 años, pero hay quien los amasa. Poco a poco, integrando bien cada ingrediente y haciendo que la consistencia sea la adecuada. Ese es el caso de La Berenjena. La Bere, para los de confianza. Que este año entran en la categoría que en oca nos gusta denominar “nuevo clásico”. No sólo por el tiempo, sino por la manera en la que se han vuelto parte de la vida poblana. Porque si algo logró La Berenjen a lo largo de esta década y media, fue enseñarnos a los poblanos que en la pizza había más, mucho más.
Lo anterior definitivamente no estaba en el plan de Arturo y Mario, amigos de la infancia y creadores del proyecto. Ambos cuentan que La Berenjena nació así: sin una plan de negocios grandilocuente y con “cero expectativas”. Quizá por eso, porque no intentó parecerse a nada, terminó convirtiéndose en eso que hoy muchos buscan a propósito y pocos sostienen con el tiempo: un lugar con identidad.
Escuchar a Mario y Arturo hablar de La Berenjena es como escuchar a quien habla de una relación larga: con una mezcla de gratitud, cansancio, humor, pero sobre todo certeza. Esa que sólo la experiencia y la confianza otorgan. “Cuando empezamos no tenía ni siquiera una proyección. Pensar que íbamos a durar 15 años… nunca me lo hubiera imaginado”, admite Arturo. Mario coincide: no había un “hasta dónde”, había un “hagámoslo lo mejor posible hoy”.
Cuando se trata de espacios gastronómicos, la idea de una pizzería es prácticamente un cliché. Pero en 2011 las opciones en Puebla eran limitadas y las pizzerías de cadena ya no satisfacían al paladar poblano, que por aquellos años veía la oferta gastronómica expandirse a gran velocidad. Mario y Arturo supieron detectar esto en el momento exacto, tal vez por el simple hecho de que también ellos lo buscaban. Querían un mejor producto, mejores ingredientes, un espacio que se sintiera relajado, casi playero —aunque fuera como un estado mental— y una experiencia que transmitiera “esa buena onda” que ellos querían infundir a su trabajo.
Al ser ésta una marca creada por dos amigos era natural que la vida propia se reflejara en el restaurante: lo que comenzó como el sueño de dos jóvenes tuvo que hacerse realidad cuando ésta los alcanzó: uno estaba formando su familia, el otro había cambiado un sueño por otro y la apuesta tenía que ganarse. Era momento de poner todo en acción.
Los primeros tres años fueron de supervivencia. “La cagamos 50 mil veces”, confiesan sin reparo. En ese tiempo, hubo que aprender a atender, a administrar y más importante aún, a crecer sin miedo. El primer gran reto o salto vino cuando se mudaron al local en el que se encuentra su sucursal de Cholula actualmente. “Fue un antes y un después. Se sintió como una reapertura”, dicen.
El lado artesanal de la vida
Y vaya que fue un antes y un después. Es con el cambio a este local que en 2014 se da el boom de La Berenjena. De repente en Puebla ya no sólo se comía pizza, sino que se comía “pizza de La Berenjena”. Esta explosión no se dio porque hayan inventado o descubierto algo nuevo, sino porque le recordaron a la ciudad que las cosas que más nos gustan pueden tenerse en su mejor versión. Que se puede vivir del lado bueno de la vida, o como ellos lo denominaron, el lado artesanal de la vida.
En este lado, las cosas se hacen a fuego lento, con pasión, con ingredientes que dan un sabor auténtico y profundo. De repente en el vocabulario poblano se empezó a usar términos como Paul McCarne, Delirium, Sweet Panchita o Higo Tovar. Convirtiendo los nombres de algunas de sus pizzas más icónicas en sinónimo de grandes momentos.
Esa experiencia “buena onda”, como le gusta hacer hincapié a Arturo, fue contagiosa. Tanto, que al poco tiempo abrieron otra sucursal en Sonata. De repente ésta ya no sólo era una marca hecha por y para jóvenes cholultecas, familias enteras, grupos de amigos, parejas de todas las edades se sentaban alrededor de una de sus pizzas. Y lo que comenzó como una pequeña marca local, cuyo nombre incluso surgió por casualidad, se convirtió en una de las más representativas de Puebla. Y no sólo por el sabor. Ahí estaban también su personal: jóvenes de actitud relajada que bien podría encontrarse uno en cualquier fiesta cholulteca o la imagen hecha por uno de nuestros artistas locales más representativos: El Dee.
Poco después vino la tercera sucursal: Centro. Una ubicación que se sentía más que natural para ellos. La Berenjena entonces llegó a más gente, pero comenzó también a caminar la delgada línea que viene con una expansión de este tamaño ¿Cómo mantener la esencia ante un crecimiento de este tipo, con los retos que ello implica? La respuesta breve es que pese a la expansión, sus creadores siempre estuvieron profundamente involucrados. “Siempre tienes que apuntar a la mejora, sea a través de la comida, a través del servicio, a través de los espacios. Nosotros estamos constantemente buscando la forma de hacerlo”.
Pero la respuesta verdaderamente honesta es que “hubo años buenos, y años que”, entre pandemia, situaciones personales y momentos complejos para la economía local “también nos hicieron frenar”, reconocen. “Siento que tal vez hubieron cosas que se pudieron haber hecho de una forma distinta, pero no es por arrepentimiento, quieras o no es un momento de reflexión, de decir ‘sigue habiendo tantas cosas tan chingonas que la gente sigue regresando”, concluye Mario.
15 años de La Berenjena
Durante los últimos años, las vidas de Arturo y Mario cambiaron bastante: ambos llegaron a sus 40, sus familias se ampliaron, desarrollaron nuevos proyectos y como toda persona que llega a este punto de su vida, los dos pararon y miraron hacia atrás. Parte de esta profunda reflexión inevitablemente involucró al proyecto que los une: La Berenjena.
Concluyeron que si iban a conmemorar este vínculo, sería primero a través de la reflexión y luego vendría la celebración. Los 15 años de La Berenjena no se tratan sólo de nostalgia. Según nos contaron, este aniversario es un espejo: revisar lo que fueron, reconocer en qué flaquearon y volver a elegir lo que quieren ser.
Lo primero vino con un cambio desde dentro: nuevos platillos, un rebranding, uniformes nuevos, mejoras en los espacios. “Cuando tú dejas el restaurante, sin cambiarle, sin inyectarle algo, se vuelve monótono”, dice Arturo. Y lo importante es que esa inyección no la piensan sólo para el cliente, sino para el equipo: que los colaboradores sientan que trabajan en un proyecto vivo, no en una máquina que repite.
Y a ellos mismo se les nota renovados. El día de la sesión fotográfica para este artículo Mario entraba y salía de la cocina: “ya vienen los platillos, pero queremos que queden como se debe”. Al igual que su restaurante, Mario mostraba una evolución: ya no era el joven que se inspiró en la gastronomía familiar para abrir un sitio de pizzas, sino un profundo amante de la gastronomía para el que cada detalle es esencial. Ese día fotografiamos no sólo algunas de sus pizzas clásicas, sino también algunos de los platillos nuevos de su carta y el menú que presentarán en la edición 2026 de Foodie Week. Arturo y Mario quieren aprovechar la parte más esencial de La Berenjena, su comida, para mostrar que por un lado mantienen aquello que hizo que Puebla los quisiera tanto, pero también, que están evolucionando.
Por su parte, Arturo no puede esconder la emoción con lo que viene para este 2026. Por supuesto que hay proyectos y celebraciones planeados paraa este aniversario, pero esos, nos comenta Arturo, quieren que sean sorpresa. El cambio que sí quiere dar a conocer viene también en la actitud y el compromiso: La Berenjena siempre se ha regido por una serie de valores y uno de ellos es su vínculo con el medio ambiente. Si bien, desde años anteriores lo han trabajado, una de sus metas para este año y los que siguen es aumentar el número de paneles solares, el reciclaje de agua de lluvia, el apoyo a productores locales. No por moda, dicen, sino por futuro y por identidad.
A lo largo de las entrevistas que sostuvimos, Mario y Arturo no narran su historia de forma épica, es relajada, sencilla. Lo que sí es un hecho es que la palabra que más se repite en nuestras conversaciones es una: pasión. La misma de cuando soñaban el lugar, la misma que los hizo aprender a golpes, la misma que hoy buscan contagiar hacia adentro para que viaje hacia afuera. Y si algo demuestra La Berenjena en este aniversario es que, en gastronomía, lo complicado no es abrir, sino sostener. Sostener el producto, sostener el trato, sostener el ánimo. Sostener una identidad mientras el mundo cambia y tú también.
Eso, al final, también es una receta. Y como todas las buenas: parece simple… hasta que intentas hacerla quince años seguidos.