De Fellini al Fettuccini

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De Fellini al Fettuccini

“La vida es una combinación de magia y pasta” dijo hace algunos (bastantes) años Federico Fellini, una de las figuras más importantes del cine, no sólo italiano, sino mundial. Y es que Fellini, como nosotros, se tomaba realmente en serio la comida. Tanto así que en varios de sus largometrajes procuraba que los actores comieran y bebieran en escena; no hace falta recordar como Sylvia, de La Dolce Vita (1960), es recibida en Italia con un trozo de pizza en la boca.

Y es que francamente, con una gastronomía como la de este país, es imposible no rendirse ante sus sabores, sus aromas, su tradición. Si bien nos han dado grandes platillos como la pizza o cientos de risottos y ensaladas, su más grande regalo al mundo fue la pasta, por lo menos como la conocemos. 

Este platillo alto en harina y confort es realmente antiguo. Se dice que sus orígenes fueron en China y que fue Marco Polo quien la introdujo a la bota itálica. Pero la verdad es otra, ya que desde antes de la partida de Marco Polo, en Italia ya existía la pasta.

Si escarbamos más, mucho más en la historia, el origen de la pasta nos lleva al Siglo V, cuando gracias a los árabes llegó a Sicilia la itriyah, una especie de fideos secos. El tiempo pasó, se crearon las máquinas para hacer pasta; apareció américa y con él, el jitomate (una piedra angular de este platillo), la gente dejó de comer pasta con las manos (anteriormente se hacía ya que la pasta era un plato seco), se creó el tenedor y el mundo de la gastronomía cambió para siempre.

Entre plato y plato, siglo y siglo, la pasta se volvió realmente compleja. Actualmente hay más de 600 tipos de pasta, las cuales se pueden clasificar por su forma: La pasta larga, como el spaghetti, el capelli y el fettuccine y la pasta corta, como los macarrones o los gnocchi.

Corta, larga, da igual. La pasta es y siempre será un plato para reconfortar. Para rellenar esos huecos que a veces la vida deja.

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